Los Samsung que no deberías comprar en 2026 (aunque todo el mundo te diga que sí)

 

Antes de empezar, vale la pena dejar algo claro. Si todavía no compraste ninguno de estos Samsung, este artículo puede ahorrarte mucho dinero. Y si ya lo hiciste, no es para juzgarte. A casi todos nos pasó alguna vez. El problema es que, en 2026, hay muchísimas probabilidades de que estés a punto de equivocarte al comprar un teléfono Samsung, incluso creyendo que estás tomando una buena decisión.

La escena es bastante conocida. Entras a una tienda, preguntas por un celular y el vendedor te dice que ese modelo es buenísimo, que es el que más se vende y que “sale muy bueno por el precio”. Tú confías porque es Samsung, porque el teléfono se ve bonito, porque en la tienda todo funciona perfecto. Pagas y te vas convencido de que hiciste una buena compra. Meses después empiezas a preguntarte por qué nadie te dijo lo que ahora estás viviendo.

Cuando un teléfono parece buena idea… solo dentro de la tienda

Hay modelos que funcionan muy bien durante los primeros minutos de uso. Abres un par de aplicaciones, la pantalla se ve grande, la batería promete durar todo el día y todo parece suficiente. El problema empieza cuando sales de la tienda y lo usas como cualquier persona normal en 2026.


Cambias de una aplicación a otra y todo se siente lento. No roto, no defectuoso, simplemente lento. Es como si el teléfono siempre estuviera un segundo detrás de ti. Ahí empieza la frustración diaria. No es solo el dinero que gastaste, es acordarte todos los días de que tomaste una mala decisión cuando desbloqueas el celular, cuando la batería no llega al final del día o cuando abrir algo tan básico como una app tarda más de lo que debería.

En ese punto, mucha gente empieza a culpar a la batería, al almacenamiento, a las actualizaciones o incluso a sí misma. Pero no. El problema es que compraste un teléfono que nunca estuvo pensado para rendir bien. No es que se vuelva lento con el tiempo, es que desde el primer día estaba diseñado para dar el mínimo esfuerzo posible.

El Samsung “barato” que te recomiendan cuando dices “solo lo quiero para WhatsApp”

Este es el clásico teléfono que aparece cuando le dices al vendedor que no necesitas mucho, que solo lo quieres para lo básico. En la mayoría de tiendas, ese papel lo cumple el Samsung Galaxy A05s. El argumento siempre es el mismo: es barato, tiene una batería enorme, una pantalla grande y, según te dicen, “para eso te sobra”.


Y claro, en el momento parece cierto. Lo pruebas ahí mismo, abres un par de aplicaciones y todo responde. El problema llega cuando empiezas a usarlo como cualquier persona normal en 2026. Ese procesador justo, pensado para sobrevivir y no para rendir, es el que termina arruinando la experiencia. No es que el A05s se vuelva lento con el tiempo, es que nunca estuvo pensado para ir rápido. Por más barato que parezca, un teléfono que siempre va al límite no es una buena compra. En la práctica, termina siendo un pisapapeles grande con pantalla.

Subir el presupuesto no siempre soluciona el problema

Aquí es donde cae muchísima gente. Piensan que subiendo un poco el presupuesto el error se corrige, pero no siempre es así. Hay modelos que existen exactamente para eso, y uno de los mejores ejemplos es el Samsung Galaxy A14. Está pensado para hacerte creer que diste el salto correcto cuando en realidad solo te metiste en un problema más caro.


Sacas el teléfono de la caja y todo entra por los ojos. Pantalla AMOLED de 120 Hz, colores vivos y un diseño que se ve moderno. A simple vista parece rápido, pero verse rápido no es lo mismo que serlo. Debajo de todo eso hay un procesador Exynos que, en el uso real, se queda corto para 2026. No es un teléfono que se trabe constantemente, pero nunca se siente realmente fluido. Siempre hay pequeñas pausas y pequeños tirones que te hacen entender que esos 120 Hz están mucho más pensados para el marketing que para la experiencia diaria.

Lo peor es que esto se nota muy rápido. En pocos meses ya sientes que es un teléfono viejo, no porque esté dañado, sino porque el hardware nació corto desde el primer día. Es el típico Samsung que compras totalmente convencido y que, a la semana, ya sabes que fue un error, aunque todavía no quieras admitirlo.

El Samsung que no es malo, pero tampoco vale lo que cuesta

Este es uno de los más peligrosos de la lista y el mejor ejemplo de eso es el Samsung Galaxy A56, porque, siendo justos, no es un mal teléfono. Tiene un buen diseño, una pantalla Super AMOLED de 120 Hz que se ve excelente, con colores vivos y buena nitidez, y una batería de 5000 mAh que cumple sin problemas. En el uso básico todo funciona como debería.


El problema aparece cuando miras el conjunto completo y, sobre todo, el precio. La experiencia es prácticamente la misma que la de modelos anteriores como el Galaxy A55 o incluso el A54. No hay un salto real, no hay una mejora clara que justifique el cambio. El procesador rinde correctamente, pero no mejor que antes. La pantalla ya era buena y la batería ya cumplía en generaciones anteriores.

Es básicamente el mismo teléfono con un número nuevo y un precio más alto. No estás comprando algo malo, estás pagando por más de lo mismo. En 2026, comprar el Galaxy A56 nuevo no tiene sentido cuando puedes conseguir una experiencia prácticamente idéntica por mucho menos dinero.

El caso más incómodo: el Galaxy S25 Ultra

Esto va a molestar a mucha gente, pero hay que decirlo claro. El Galaxy S25 Ultra es un teléfono espectacular. Tiene una pantalla enorme y de altísima calidad, potencia de sobra, cámaras excelentes y una batería que cumple para el tipo de dispositivo que es. No hace prácticamente nada mal.

El problema no está en lo que hace mal, sino en lo que no hace avanzar. Cuando lo comparas con sus antecesores, la experiencia es prácticamente la misma. El diseño no cambia de forma relevante, la pantalla ya era excelente, las cámaras siguen siendo muy buenas y el rendimiento mejora, pero no de una forma que realmente se note en el día a día.


Para la mayoría de personas, la experiencia es indistinguible. Y ahí entra el precio. Pagar más de mil dólares por un teléfono que se siente igual que el modelo anterior o que opciones mucho más baratas deja de ser un tema técnico y pasa a ser una mala decisión de compra.

No es un mal teléfono, es un flagship, pero no ofrece una razón real para pagar lo que cuesta. Comprar un S24 Ultra hoy tendría mucho más sentido para casi cualquier usuario.

Comprar un teléfono es una decisión diaria, no solo un gasto puntual

El verdadero problema de una mala compra no es solo el dinero que pierdes en el momento. Es convivir todos los días con esa decisión. Comprar un teléfono implica trabajo, esfuerzo y tiempo, y tirarlo por impulso o por marketing no es una buena idea.

En 2026 hay demasiadas opciones, demasiada publicidad y demasiadas recomendaciones interesadas como para comprar sin pensar. Hoy no se trata de tener el último Samsung ni el número más alto, sino de tener el teléfono que realmente tenga sentido para tu uso y tu presupuesto.

Comprar con cabeza es la única forma de no arrepentirte después.

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